DIANA: ¿Quieres escuchar algo divertido?
CRISTOBAL: ¿Un chiste?
DIANA: No. Sabes que no sé contar chistes. Olvido el final.
CRISTOBAL: Cierto.
DIANA: Bueno, te voy a contar, ¿si?
CRISTOBAL: No quisiera morir sin escucharlo.
DIANA: Siempre supe que tenías tendencia suicida.
CRISTOBAL: Todos saben que soy tu amigo. ¿Qué puede ser más suicida que eso?
DIANA: Ja-ja.
CRISTOBAL: Cuéntame, antes de que pierda el interés.
DIANA: Ok. ¿Recuerdas Andrés?
CRISTOBAL: No.
DIANA: Andrés el de mi universidad, el fotógrafo.
CRISTOBAL: El callado.
DIANA: ¡Ése!
CRISTOBAL: ¿Qué pasa con él?
DIANA: Andrés fue uno de esos “hombres antojos” de mi época universitaria.
CRISTOBAL: ¿Hombres antojos?
DIANA: Ajá.
CRISTOBAL: Oook…
DIANA: Un “hombre antojo” es alguien que te genera sólo eso: un antojo. No es amor. No es enamoramiento, ni un flechazo. No es el tipo con el que soñarás una casita, ni tienes intenciones de conocer a sus hermanas, no. Es como… una dona de chocolate de la tiendita del colegio.
CRISTOBAL: Deben haber más “mujeres antojos” que “hombres antojos” en el mundo.
Cristóbal sonríe.
DIANA: No sé… Cristóbal, concéntrate.
CRISTOBAL: Estábamos en…
DIANA: Andrés, mi “hombre antojo” de la universidad.
CRISTOBAL: Diana, ¿En qué momento este cuento va a ser divertido para mí? A menos que Andrés…
Diana lo interrumpe.
DIANA: Andrés me llamó la atención por muchos años; siempre que lo veía, se me antojaba hablar con él. Descubrí con los años que era una persona bastante interesante. Él decía odiarlo todo: el tráfico, las clases, la universidad, el país… sobre todo el país. En algún punto pensé que su odio hacia todo era tierno. Para mí demostraba inmadurez o por lo menos eso pensaba en aquel entonces. Y a él le quedaba tierno…
Cristóbal apoya su cabeza sobre sus manos.
CRISTOBAL: Pasó a ser un cuento bien femenino.
DIANA: ¿Recuerdas la última noche del semestre, en la que yo fui con unos amigos a tomar unas cervezas con Irina?
CRISTOBAL: Sí.
Cristóbal endereza su espalda sobre la silla.
DIANA: Esa noche, Andrés, en algún punto -que no recuerdo- comenzó a reírse de todo lo que yo decía… y Andrés lo odiaba todo, ¿recuerdas? Nada le hacía reír -sonreír, tal vez- pero reírse con los dientes expuestos, nunca.
CRISTOBAL: Irina era amiga de ese Andrés… lo había olvidado…
DIANA: Sí. Creo que ese día Irina estaba celosa…
CRISTOBAL: No creo. ¿De ti?
DIANA: Yo sí lo creo… de mí, sí.
Cristóbal saca el celular de su bolsillo; lo ve y lo guarda rápidamente.
CRISTOBAL: Diana, aún espero el momento divertido de esta detalladísima historia.
DIANA: Ahí riéndose de mis estupideces, Andrés de pronto comenzó a hacerme cariños en el brazo. Yo tenía frío “y antojo”; así que lo dejé. Acto seguido, Irina insistió en que teníamos que levantarnos todos a bailar y brindó a la mesa una ronda de shots.
CRISTOBAL: ¿Irina hizo eso?
DIANA: Sí. Lo más extraño es que luego no recuerdo bien dónde estaba Irina. Porque Andrés me pidió que nos fuéramos, que él me llevaba a casa; dijo que ya no podía tomar más porque estaba manejando y que se hacía tarde.
CRISTOBAL: ¡Tan correcto Andrés!
DIANA: Yo me fui con él. En el camino escuchábamos The Kooks, una banda que me encanta. Me pareció tierno que esa banda le gustara a él. Era como que su odio hacia todo, quedara descubierto como tan sólo un mecanismo de defensa o una tonta forma de presentarse. ¡Y ahí el alcohol me tomó por sorpresa! ¡Comencé a decir cualquier tontería que no recuerdo! Nunca supe siquiera en qué momento llegamos a mi casa.
CRISTOBAL: Ajá.
DIANA: Lo juro. No tenía noción alguna del recorrido, de lo que decía, ni la hora.
Diana se sonroja y hace una pausa.
CRISTOBAL: Entonces…
DIANA: Bueno, Andrés se estacionó frente a mi casa y me pidió que no me bajara.
CRISTOBAL: Un tierno angelito…
Diana le golpea el brazo a Cristóbal.
DIANA: Comenzamos a besarnos y…
Se ríe y se lleva las manos a la boca.
CRISTOBAL: y…
DIANA: ¡Me quedé dormida!
Diana recuesta su cabeza en el hombro de Cristóbal.
CRISTOBAL: ¿Cómo dormida?
DIANA: Eso, dormida. No sé cuánto tiempo estuve dormida. Lo cierto es que Andrés me despertó… yo no entendía nada. Pero puedo recordar perfectamente cuál canción estaba sonando. Yo quería que me siguiera besando, y le dije repetidas veces “perdón” y lo besé de nuevo… y volví a quedarme dormida. No sé cómo lo hice. No entiendo. ¿Cómo alguien puede quedarse dormido en esa situación dos veces?
CRISTOBAL: Ja,ja,ja,ja. Diana, no es el cuento más cómico del mundo. Pero me río de Andrés.
DIANA: Cris, ¡había baba! ¡que salió de mi boca! ¡en su chaqueta!
CRISTOBAL: ¡ja! Ahora sé por qué tiene una mancha su chaqueta.
DIANA: ¿Tiene una mancha?
CRISTOBAL: ¡No, Diana!
DIANA: Ah… me asustaste.
CRISTOBAL: Asustaste a Andrés, que no es lo mismo.
DIANA: Tonto, sabía que te divertiría el cuento.
CRISTOBAL: Estuvo entretenido. Infantil, pero entretenido.
DIANA: Gracias.
Suena el teléfono de Cristóbal. Ve la pantalla. Es Irina. Cristóbal se levanta y se aleja para atender.








