DIANA: ¿Quieres escuchar algo divertido?
CRISTOBAL: ¿Un chiste?
DIANA: No. Sabes que no sé contar chistes. Olvido el final.
CRISTOBAL: Cierto.
DIANA: Bueno, te voy a contar, ¿si?
CRISTOBAL: No quisiera morir sin escucharlo.
DIANA: Siempre supe que tenías tendencia suicida.
CRISTOBAL: Todos saben que soy tu amigo. ¿Qué puede ser más suicida que eso?
DIANA: Ja-ja.
CRISTOBAL: Cuéntame, antes de que pierda el interés.
DIANA: Ok. ¿Recuerdas Andrés?
CRISTOBAL: No.
DIANA: Andrés el de mi universidad, el fotógrafo.
CRISTOBAL: El callado.
DIANA: ¡Ése!  
CRISTOBAL: ¿Qué pasa con él?
DIANA: Andrés fue uno de esos “hombres antojos” de mi época universitaria.
CRISTOBAL: ¿Hombres antojos?
DIANA: Ajá.
CRISTOBAL: Oook…
DIANA: Un “hombre antojo” es alguien que te genera sólo eso: un antojo. No es amor.  No es enamoramiento, ni un flechazo. No es el tipo con el que soñarás una casita, ni tienes intenciones de conocer a sus hermanas, no. Es como… una dona de chocolate de la tiendita del colegio.
CRISTOBAL: Deben haber más “mujeres antojos” que “hombres antojos” en el mundo.

Cristóbal sonríe. 

DIANA: No sé… Cristóbal, concéntrate.
CRISTOBAL: Estábamos en…
DIANA: Andrés, mi “hombre antojo” de la universidad.
CRISTOBAL: Diana, ¿En qué momento este cuento va a ser divertido para mí? A menos que Andrés…

Diana lo interrumpe.

DIANA: Andrés me llamó la atención por muchos años; siempre que lo veía, se me antojaba hablar con él. Descubrí con los años que era una persona bastante interesante. Él decía odiarlo todo: el tráfico, las clases, la universidad, el país… sobre todo el país. En algún punto pensé que su odio hacia todo era tierno. Para mí demostraba inmadurez o por lo menos eso pensaba en aquel entonces. Y a él le quedaba tierno… 

Cristóbal apoya su cabeza sobre sus manos. 

CRISTOBAL: Pasó a ser un cuento bien femenino.
DIANA: ¿Recuerdas la última noche del semestre, en la que yo fui con unos amigos a tomar unas cervezas con Irina?
CRISTOBAL: Sí.

Cristóbal endereza su espalda sobre la silla. 

DIANA: Esa noche, Andrés, en algún punto -que no recuerdo- comenzó a reírse de todo lo que yo decía… y Andrés lo odiaba todo, ¿recuerdas? Nada le hacía reír -sonreír, tal vez- pero reírse con los dientes expuestos, nunca.
CRISTOBAL: Irina era amiga de ese Andrés… lo había olvidado…
DIANA: Sí. Creo que ese día Irina estaba celosa…  
CRISTOBAL: No creo. ¿De ti?
DIANA: Yo sí lo creo… de mí, sí.

Cristóbal saca el celular de su bolsillo; lo ve y lo guarda rápidamente. 

CRISTOBAL: Diana, aún espero el momento divertido de esta detalladísima historia.  
DIANA: Ahí riéndose de mis estupideces, Andrés de pronto comenzó a hacerme cariños en el brazo. Yo tenía frío “y antojo”; así que lo dejé. Acto seguido, Irina insistió en que teníamos que levantarnos todos a bailar y brindó a la mesa una ronda de shots.
CRISTOBAL: ¿Irina hizo eso?
DIANA: Sí. Lo más extraño es que luego no recuerdo bien dónde estaba Irina. Porque Andrés me pidió que nos fuéramos, que él me llevaba a casa; dijo que ya no podía tomar más porque estaba manejando y que se hacía tarde.
CRISTOBAL: ¡Tan correcto Andrés!
DIANA: Yo me fui con él. En el camino escuchábamos The Kooks, una banda que me encanta. Me pareció tierno que esa banda le gustara a él. Era como que su odio hacia todo, quedara descubierto como tan sólo un mecanismo de defensa o una tonta forma de presentarse. ¡Y ahí el alcohol me tomó por sorpresa! ¡Comencé a decir cualquier tontería que no recuerdo! Nunca supe siquiera en qué momento llegamos a mi casa.
CRISTOBAL: Ajá.
DIANA: Lo juro. No tenía noción alguna del recorrido, de lo que decía, ni la hora.

Diana se sonroja y hace una pausa. 

CRISTOBAL: Entonces…
DIANA: Bueno, Andrés se estacionó frente a mi casa y me pidió que no me bajara.
CRISTOBAL: Un tierno angelito…

Diana le golpea el brazo a Cristóbal. 

DIANA: Comenzamos a besarnos y…

Se ríe y se lleva las manos a la boca. 

CRISTOBAL: y…
DIANA: ¡Me quedé dormida!

Diana recuesta su cabeza en el hombro de Cristóbal. 

CRISTOBAL: ¿Cómo dormida?
DIANA: Eso, dormida. No sé cuánto tiempo estuve dormida. Lo cierto es que Andrés me despertó… yo no entendía nada. Pero puedo recordar perfectamente cuál canción estaba sonando. Yo quería que me siguiera besando, y le dije repetidas veces “perdón” y lo besé de nuevo… y volví a quedarme dormida. No sé cómo lo hice. No entiendo. ¿Cómo alguien puede quedarse dormido en esa situación dos veces?
CRISTOBAL: Ja,ja,ja,ja. Diana, no es el cuento más cómico del mundo. Pero me río de Andrés.
DIANA: Cris, ¡había baba! ¡que salió de mi boca! ¡en su chaqueta!
CRISTOBAL: ¡ja! Ahora sé por qué tiene una mancha su chaqueta. 
DIANA: ¿Tiene una mancha?
CRISTOBAL: ¡No, Diana!
DIANA: Ah… me asustaste.  
CRISTOBAL: Asustaste a Andrés, que no es lo mismo.
DIANA: Tonto, sabía que te divertiría el cuento. 
CRISTOBAL: Estuvo entretenido. Infantil, pero entretenido.
DIANA: Gracias.

Suena el teléfono de Cristóbal. Ve la pantalla. Es Irina. Cristóbal se levanta y se aleja para atender.

DIANA: ¿Quieres escuchar algo divertido?

CRISTOBAL: ¿Un chiste?

DIANA: No. Sabes que no sé contar chistes. Olvido el final.

CRISTOBAL: Cierto.

DIANA: Bueno, te voy a contar, ¿si?

CRISTOBAL: No quisiera morir sin escucharlo.

DIANA: Siempre supe que tenías tendencia suicida.

CRISTOBAL: Todos saben que soy tu amigo. ¿Qué puede ser más suicida que eso?

DIANA: Ja-ja.

CRISTOBAL: Cuéntame, antes de que pierda el interés.

DIANA: Ok. ¿Recuerdas Andrés?

CRISTOBAL: No.

DIANA: Andrés el de mi universidad, el fotógrafo.

CRISTOBAL: El callado.

DIANA: ¡Ése!  

CRISTOBAL: ¿Qué pasa con él?

DIANA: Andrés fue uno de esos “hombres antojos” de mi época universitaria.

CRISTOBAL: ¿Hombres antojos?

DIANA: Ajá.

CRISTOBAL: Oook…

DIANA: Un “hombre antojo” es alguien que te genera sólo eso: un antojo. No es amor.  No es enamoramiento, ni un flechazo. No es el tipo con el que soñarás una casita, ni tienes intenciones de conocer a sus hermanas, no. Es como… una dona de chocolate de la tiendita del colegio.

CRISTOBAL: Deben haber más “mujeres antojos” que “hombres antojos” en el mundo.

Cristóbal sonríe.

DIANA: No sé… Cristóbal, concéntrate.

CRISTOBAL: Estábamos en…

DIANA: Andrés, mi “hombre antojo” de la universidad.

CRISTOBAL: Diana, ¿En qué momento este cuento va a ser divertido para mí? A menos que Andrés…

Diana lo interrumpe.

DIANA: Andrés me llamó la atención por muchos años; siempre que lo veía, se me antojaba hablar con él. Descubrí con los años que era una persona bastante interesante. Él decía odiarlo todo: el tráfico, las clases, la universidad, el país… sobre todo el país. En algún punto pensé que su odio hacia todo era tierno. Para mí demostraba inmadurez o por lo menos eso pensaba en aquel entonces. Y a él le quedaba tierno… 

Cristóbal apoya su cabeza sobre sus manos.

CRISTOBAL: Pasó a ser un cuento bien femenino.

DIANA: ¿Recuerdas la última noche del semestre, en la que yo fui con unos amigos a tomar unas cervezas con Irina?

CRISTOBAL: Sí.

Cristóbal endereza su espalda sobre la silla.

DIANA: Esa noche, Andrés, en algún punto -que no recuerdo- comenzó a reírse de todo lo que yo decía… y Andrés lo odiaba todo, ¿recuerdas? Nada le hacía reír -sonreír, tal vez- pero reírse con los dientes expuestos, nunca.

CRISTOBAL: Irina era amiga de ese Andrés… lo había olvidado…

DIANA: Sí. Creo que ese día Irina estaba celosa…  

CRISTOBAL: No creo. ¿De ti?

DIANA: Yo sí lo creo… de mí, sí.

Cristóbal saca el celular de su bolsillo; lo ve y lo guarda rápidamente.

CRISTOBAL: Diana, aún espero el momento divertido de esta detalladísima historia.  

DIANA: Ahí riéndose de mis estupideces, Andrés de pronto comenzó a hacerme cariños en el brazo. Yo tenía frío “y antojo”; así que lo dejé. Acto seguido, Irina insistió en que teníamos que levantarnos todos a bailar y brindó a la mesa una ronda de shots.

CRISTOBAL: ¿Irina hizo eso?

DIANA: Sí. Lo más extraño es que luego no recuerdo bien dónde estaba Irina. Porque Andrés me pidió que nos fuéramos, que él me llevaba a casa; dijo que ya no podía tomar más porque estaba manejando y que se hacía tarde.

CRISTOBAL: ¡Tan correcto Andrés!

DIANA: Yo me fui con él. En el camino escuchábamos The Kooks, una banda que me encanta. Me pareció tierno que esa banda le gustara a él. Era como que su odio hacia todo, quedara descubierto como tan sólo un mecanismo de defensa o una tonta forma de presentarse. ¡Y ahí el alcohol me tomó por sorpresa! ¡Comencé a decir cualquier tontería que no recuerdo! Nunca supe siquiera en qué momento llegamos a mi casa.

CRISTOBAL: Ajá.

DIANA: Lo juro. No tenía noción alguna del recorrido, de lo que decía, ni la hora.

Diana se sonroja y hace una pausa.

CRISTOBAL: Entonces…

DIANA: Bueno, Andrés se estacionó frente a mi casa y me pidió que no me bajara.

CRISTOBAL: Un tierno angelito…

Diana le golpea el brazo a Cristóbal.

DIANA: Comenzamos a besarnos y…

Se ríe y se lleva las manos a la boca.

CRISTOBAL: y…

DIANA: ¡Me quedé dormida!

Diana recuesta su cabeza en el hombro de Cristóbal.

CRISTOBAL: ¿Cómo dormida?

DIANA: Eso, dormida. No sé cuánto tiempo estuve dormida. Lo cierto es que Andrés me despertó… yo no entendía nada. Pero puedo recordar perfectamente cuál canción estaba sonando. Yo quería que me siguiera besando, y le dije repetidas veces “perdón” y lo besé de nuevo… y volví a quedarme dormida. No sé cómo lo hice. No entiendo. ¿Cómo alguien puede quedarse dormido en esa situación dos veces?

CRISTOBAL: Ja,ja,ja,ja. Diana, no es el cuento más cómico del mundo. Pero me río de Andrés.

DIANA: Cris, ¡había baba! ¡que salió de mi boca! ¡en su chaqueta!

CRISTOBAL: ¡ja! Ahora sé por qué tiene una mancha su chaqueta. 

DIANA: ¿Tiene una mancha?

CRISTOBAL: ¡No, Diana!

DIANA: Ah… me asustaste.  

CRISTOBAL: Asustaste a Andrés, que no es lo mismo.

DIANA: Tonto, sabía que te divertiría el cuento. 

CRISTOBAL: Estuvo entretenido. Infantil, pero entretenido.

DIANA: Gracias.

Suena el teléfono de Cristóbal. Ve la pantalla. Es Irina. Cristóbal se levanta y se aleja para atender.


DIANA: Me gusta la gente honesta. Me da tranquilidad.
CRISTOBAL: ¿Por qué?
DIANA: No sé. No hay que pensar mucho. Con lo que dicen es suficiente. Se ahorra energía en analizarlo todo.
CRISTOBAL: Entiendo, pero eso no existe.
DIANA: Yo sé…
CRISTOBAL: Es aburrido también.
DIANA: No lo es. No espero que me cuenten todo lo que piensan. Son cosas distintas. Solo espero que me digan la verdad. ¿Ves la diferencia?
CRISTOBAL: Veo.
DIANA: Por ejemplo: ¿Te gusta Irina?
CRISTOBAL: Sí.
DIANA: ¿Por qué no me lo habías dicho antes?
CRISTOBAL: No lo habías preguntado.
DIANA: Es verdad… si Irina te preguntara si ella te gusta, ¿responderías con la verdad?
CRISTOBAL: No lo sé.
DIANA: ¿Le dirías que no te gusta?
CRISTOBAL: No le diría eso.
DIANA:¿Ves?
CRISTOBAL:¿Qué?
DIANA:¿Por qué tienes que complicarlo todo?
CRISTOBAL: No lo complico. Son leyes de vida, Diana. Uno no puede decirle a todos la verdad. Porque no siempre la verdad es conveniente. Lo conveniente es lo justo para todos, a veces.
DIANA: ¿Lo justo? … luego soy yo la aburrida… A mí una vez me preguntaron: “¿Te gusto?” Y fue emocionante decir que “sí”… si te fijas, ya tampoco se hacen preguntas honestas…

Diana se levanta. Camina en círculos.

 DIANA: ¿nunca le vas a decir a Irina que te gusta?
CRISTOBAL: Ella lo sabe.
DIANA: No lo sabe.
CRISTOBAL: Lo sabe. Yo le presto atención; le dedico tiempo.
DIANA: No lo sabe.
CRISTOBAL: Yo estoy seguro de que lo sabe, Diana.
DIANA: A mí me dedicas tiempo… ¿te gusto?
CRISTOBAL: No… pero es distinto. Tú eres mi mejor amiga.
DIANA: Al parecer Irina también.
CRISTOBAL: Ella no piensa eso.
DIANA: Puede ser que no lo piense de a momentos; pero habrá otros en los que se confunde. Esa también es ley de vida.
CRISTOBAL: No puedo decirle que me gusta.
DIANA: ¿Por qué no?
CRISTOBAL: Porque no sé si éste es mi momento de estar con ella. Decirle eso me comprometería.
DIANA: ¿Por qué no le dices ambas cosas: que te gusta y que justo ahora no sabes si es tu momento para estar con ella?
CRISTOBAL: Porque podría alejarla.
DIANA: Si no le dices que te gusta, la alejarás igual.
CRISTOBAL: Capaz, pero no le haría daño.
DIANA: Entiendo… a veces la verdad hace daño.
CRISTOBAL: Sí; daños mayores.
DIANA: Pero sé que serás un esclavo de la incertidumbre de lo que dejas de decir. La verdad libera.
CRISTOBAL: Se hace tarde.
DIANA:¿Nos vamos?
CRISTOBAL: Vamos.
DIANA: Te quiero.
CRISTOBAL: Yo a ti. ¿De quién estás esperando la verdad?
DIANA: Ya no quiero hablar de eso. Se hace tarde…

Comienzan a caminar de regreso.

DIANA: Necesito un abrazo.

Se abrazan y se marchan por rumbos distintos.

DIANA: Me gusta la gente honesta. Me da tranquilidad.

CRISTOBAL: ¿Por qué?

DIANA: No sé. No hay que pensar mucho. Con lo que dicen es suficiente. Se ahorra energía en analizarlo todo.

CRISTOBAL: Entiendo, pero eso no existe.

DIANA: Yo sé…

CRISTOBAL: Es aburrido también.

DIANA: No lo es. No espero que me cuenten todo lo que piensan. Son cosas distintas. Solo espero que me digan la verdad. ¿Ves la diferencia?

CRISTOBAL: Veo.

DIANA: Por ejemplo: ¿Te gusta Irina?

CRISTOBAL: Sí.

DIANA: ¿Por qué no me lo habías dicho antes?

CRISTOBAL: No lo habías preguntado.

DIANA: Es verdad… si Irina te preguntara si ella te gusta, ¿responderías con la verdad?

CRISTOBAL: No lo sé.

DIANA: ¿Le dirías que no te gusta?

CRISTOBAL: No le diría eso.

DIANA:¿Ves?

CRISTOBAL:¿Qué?

DIANA:¿Por qué tienes que complicarlo todo?

CRISTOBAL: No lo complico. Son leyes de vida, Diana. Uno no puede decirle a todos la verdad. Porque no siempre la verdad es conveniente. Lo conveniente es lo justo para todos, a veces.

DIANA: ¿Lo justo? … luego soy yo la aburrida… A mí una vez me preguntaron: “¿Te gusto?” Y fue emocionante decir que “sí”… si te fijas, ya tampoco se hacen preguntas honestas…

Diana se levanta. Camina en círculos.

 DIANA: ¿nunca le vas a decir a Irina que te gusta?

CRISTOBAL: Ella lo sabe.

DIANA: No lo sabe.

CRISTOBAL: Lo sabe. Yo le presto atención; le dedico tiempo.

DIANA: No lo sabe.

CRISTOBAL: Yo estoy seguro de que lo sabe, Diana.

DIANA: A mí me dedicas tiempo… ¿te gusto?

CRISTOBAL: No… pero es distinto. Tú eres mi mejor amiga.

DIANA: Al parecer Irina también.

CRISTOBAL: Ella no piensa eso.

DIANA: Puede ser que no lo piense de a momentos; pero habrá otros en los que se confunde. Esa también es ley de vida.

CRISTOBAL: No puedo decirle que me gusta.

DIANA: ¿Por qué no?

CRISTOBAL: Porque no sé si éste es mi momento de estar con ella. Decirle eso me comprometería.

DIANA: ¿Por qué no le dices ambas cosas: que te gusta y que justo ahora no sabes si es tu momento para estar con ella?

CRISTOBAL: Porque podría alejarla.

DIANA: Si no le dices que te gusta, la alejarás igual.

CRISTOBAL: Capaz, pero no le haría daño.

DIANA: Entiendo… a veces la verdad hace daño.

CRISTOBAL: Sí; daños mayores.

DIANA: Pero sé que serás un esclavo de la incertidumbre de lo que dejas de decir. La verdad libera.

CRISTOBAL: Se hace tarde.

DIANA:¿Nos vamos?

CRISTOBAL: Vamos.

DIANA: Te quiero.

CRISTOBAL: Yo a ti. ¿De quién estás esperando la verdad?

DIANA: Ya no quiero hablar de eso. Se hace tarde…

Comienzan a caminar de regreso.

DIANA: Necesito un abrazo.

Se abrazan y se marchan por rumbos distintos.


LO QUE NO SE DICE 
(Oda a mi nostalgia actoral)

Para E.Stella,
Cuando estudiaba actuación y era “intensa” en serio -o una intensa seria-, tuve que interpretar un personaje difícil. A una mujer madura de 1930, como de 50 años; feminista (problema para la época); había sostenido la fortuna de su familia; quedado viuda y guardaba un gran secreto: era gay. Sí: la obra era compleja. Trabajar la época, la edad, los materiales de escena -como escribir a máquina-, y el amor oculto por su asistente. Fueron todo un reto como estudiante de actuación. Yo tuve la dicha de estudiar con Elia K Schneider, una profesora de actuación cuestionada, por sus formas, en el país. Sin embargo, escribo que para mí fue una dicha, porque Elia ha estudiado a profundidad las técnicas; y sobre todo exige calidad actoral. Tema cuestionable para la actuación local. Creo que la actuación ha sido más mal tratada y mediocre, que exigente y tomada en serio. No todo es oscuridad, hay excepciones.
El papel fue arduo de trabajar. Elia realizó varios ejercicios conmigo y mi compañera, para poder transformar la escena en un espacio de continuas acciones llevadas sólo por la verdad. Es decir, lo más hermoso de llegar a ser actor o actriz, es que en parte habrás logrado la labor, cuando (con toda verdad) te sucedan las cosas que cuenta la historia que deben sucederte. Cuando la acción tras acción vienen dadas con naturalidad, porque están justificadas una a una, en la historia, en tu imaginación y en tu cuerpo. Para mí es como estar estar loco unos minutos. Donde la realidad es lo que estás viviendo en ese momento; aunque sea una historia creada por un escritor, que hoy tú estás interpretando. Es difícil llegar a esa conexión y concentración que el buen ejercicio requiere. Es lógico que el actor o la actriz piense durante la escena “¿lo estaré haciendo bien?” “¿Esto lo haría una señora mayor en 1930?” “No puedo estar callada en escena”… etc, etc. Esos son los pensamientos inútiles para el actor cuando está en acción. Pero aparecen. A todos, en algún momento, les ha pasado. Porque crear una verdad es duro y difícil. También existen los vicios del mundo del entretenimiento y es arduo convivir con ellos.
Debe ser por eso que no terminé casada con la actuación y su mundo. Pero me reservo el secreto de haber logrado buenas escenas con niveles de alta conexión. Y hablo de esta historia de 1930 que tuve que interpretar, porque hace poco un amigo actor me dijo: ´Vero, nunca olvidaré cuando hiciste “Lo que no se dice”´… así se llamaba la obra. Una historia donde dos mujeres comparten escena y nunca dicen que se gustan; ni si quiera se tocan; pero el público lo sabe y lo sufre con ellas. Recuerdo todo lo que tuve que trabajar previo a la obra. Entender cómo físicamente las personas dicen más cuando no dicen nada. Cómo y dónde hay tanto mensaje escondido, dudas: ¿será esto o aquello? ¿será que quiso decir esto o aquello? Ellas nunca son directas, francas. Eso en algún punto hizo que mi personaje se quebrara, y alterada por lo que no puede/debe decir, comencé a escribir en un papel lo que nadie quiere oír. Mientras escribía, el otro personaje, que estaba frente a mí, comenzó a llorar y no quiso leer lo que mi personaje escribió. No lo leyó nunca. Nadie lo leyó. Escribió varias veces las mismas palabras y le aseguró que ahí quedaba -por escrito- “lo que no se dice”. De pronto sonó el teléfono en la historia y todo quedó así. Ahí terminó. Yo siempre supe que sonaría el teléfono, así lo decía el guión. Pero cuando en acción sonó el teléfono, fue como si me hubiesen apretado el estómago, como si algo se quebrara; pero no podía llorar. Tardé unos minutos en retomar la respiración con calma, una vez que terminó todo. El público estaba conmovido, aplaudían y se acercaban a abrazarnos. Era una audiencia dura: actores, directores y profesionales del área. 
Yo había olvidado por completo que había interpretado esa obra. Fue mi amigo, Sebastián Torres,  quien hace días me habló de nuestro pasado actoral… nostalgia… Ayer volví a pensar en “lo que no se dice”; claro, en una versión más light y contemporánea. No en la de mi personaje, sino para mí, como Vero. Y pensé que es bonito recordar “lo que no se dice”, porque de algún modo, siempre dice más. 

LO QUE NO SE DICE

(Oda a mi nostalgia actoral)


Para E.Stella,

Cuando estudiaba actuación y era “intensa” en serio -o una intensa seria-, tuve que interpretar un personaje difícil. A una mujer madura de 1930, como de 50 años; feminista (problema para la época); había sostenido la fortuna de su familia; quedado viuda y guardaba un gran secreto: era gay. Sí: la obra era compleja. Trabajar la época, la edad, los materiales de escena -como escribir a máquina-, y el amor oculto por su asistente. Fueron todo un reto como estudiante de actuación. Yo tuve la dicha de estudiar con Elia K Schneider, una profesora de actuación cuestionada, por sus formas, en el país. Sin embargo, escribo que para mí fue una dicha, porque Elia ha estudiado a profundidad las técnicas; y sobre todo exige calidad actoral. Tema cuestionable para la actuación local. Creo que la actuación ha sido más mal tratada y mediocre, que exigente y tomada en serio. No todo es oscuridad, hay excepciones.

El papel fue arduo de trabajar. Elia realizó varios ejercicios conmigo y mi compañera, para poder transformar la escena en un espacio de continuas acciones llevadas sólo por la verdad. Es decir, lo más hermoso de llegar a ser actor o actriz, es que en parte habrás logrado la labor, cuando (con toda verdad) te sucedan las cosas que cuenta la historia que deben sucederte. Cuando la acción tras acción vienen dadas con naturalidad, porque están justificadas una a una, en la historia, en tu imaginación y en tu cuerpo. Para mí es como estar estar loco unos minutos. Donde la realidad es lo que estás viviendo en ese momento; aunque sea una historia creada por un escritor, que hoy tú estás interpretando. Es difícil llegar a esa conexión y concentración que el buen ejercicio requiere. Es lógico que el actor o la actriz piense durante la escena “¿lo estaré haciendo bien?” “¿Esto lo haría una señora mayor en 1930?” “No puedo estar callada en escena”… etc, etc. Esos son los pensamientos inútiles para el actor cuando está en acción. Pero aparecen. A todos, en algún momento, les ha pasado. Porque crear una verdad es duro y difícil. También existen los vicios del mundo del entretenimiento y es arduo convivir con ellos.

Debe ser por eso que no terminé casada con la actuación y su mundo. Pero me reservo el secreto de haber logrado buenas escenas con niveles de alta conexión. Y hablo de esta historia de 1930 que tuve que interpretar, porque hace poco un amigo actor me dijo: ´Vero, nunca olvidaré cuando hiciste “Lo que no se dice”´… así se llamaba la obra. Una historia donde dos mujeres comparten escena y nunca dicen que se gustan; ni si quiera se tocan; pero el público lo sabe y lo sufre con ellas. Recuerdo todo lo que tuve que trabajar previo a la obra. Entender cómo físicamente las personas dicen más cuando no dicen nada. Cómo y dónde hay tanto mensaje escondido, dudas: ¿será esto o aquello? ¿será que quiso decir esto o aquello? Ellas nunca son directas, francas. Eso en algún punto hizo que mi personaje se quebrara, y alterada por lo que no puede/debe decir, comencé a escribir en un papel lo que nadie quiere oír. Mientras escribía, el otro personaje, que estaba frente a mí, comenzó a llorar y no quiso leer lo que mi personaje escribió. No lo leyó nunca. Nadie lo leyó. Escribió varias veces las mismas palabras y le aseguró que ahí quedaba -por escrito- “lo que no se dice”. De pronto sonó el teléfono en la historia y todo quedó así. Ahí terminó. Yo siempre supe que sonaría el teléfono, así lo decía el guión. Pero cuando en acción sonó el teléfono, fue como si me hubiesen apretado el estómago, como si algo se quebrara; pero no podía llorar. Tardé unos minutos en retomar la respiración con calma, una vez que terminó todo. El público estaba conmovido, aplaudían y se acercaban a abrazarnos. Era una audiencia dura: actores, directores y profesionales del área. 

Yo había olvidado por completo que había interpretado esa obra. Fue mi amigo, Sebastián Torres,  quien hace días me habló de nuestro pasado actoral… nostalgia… Ayer volví a pensar en “lo que no se dice”; claro, en una versión más light y contemporánea. No en la de mi personaje, sino para mí, como Vero. Y pensé que es bonito recordar “lo que no se dice”, porque de algún modo, siempre dice más. 


PORQUE NECESITAMOS LOS HUEVOS
Ayer tenía ganas de escribir; de escribirlo todo. Uno se acuesta a ver películas para “desconectarse del mundo” y -dependiendo de la película- termina conectándose con todo. Insomnio absoluto sufrí. Levantarse, acostarse; de un lado, del otro. Caminar hasta el cuarto de mi hija; volver a subir sus sábanas; regresar al mío; prohibirse pensar en trabajo; Intentar dormir. Dormir finalmente. Hoy ya llegó la rutina de la mañana; la sorpresa de un reclamo inesperado; las malas elecciones y respuestas. Chao.
Se fue la musa y uno no hizo lo que tenía que hacer cuando pudo: escribir.
Esto va escrito con las ganas que quedan. Migajas. Al final, del momento valioso, pasé a la práctica sencilla. Publico entonces a mi pareja de esta semana. ¡Ah, porque estoy levantando un proyecto digital donde publico y comparto parejas reales o de ficción que me gustan. Como Johnny Cash y June Carter ó George Harrison y la que rompió su corazón, Patty, etc. Es un proyecto que sostengo desde hace unos meses: colecciono parejas!
En fin, dejo aquí una reflexión de Woodye Allen que me encanta. Es el final de una de mis películas favoritas: Annie Hall. 
-Guión. Annie Hall. Movie-
Exterior. Calle. Día.
Desde las cristaleras de un restaurante se ve a Alvy y a Annie en una esquina. Se dan la mano. Tráfico en la calle.
Voz de Alvy:
Después, se nos hizo tarde. Los dos teníamos que irnos, pero fue magnífico ver a Annie otra vez, ¿verdad? Comprendí que era una persona estupenda y, y lo agradable que había sido conocerla… y… me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina». Y el médico le contesta: «Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?». Y el tipo le replica: «Lo haría pero es que necesito los huevos». En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y… pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos.

PORQUE NECESITAMOS LOS HUEVOS


Ayer tenía ganas de escribir; de escribirlo todo. Uno se acuesta a ver películas para “desconectarse del mundo” y -dependiendo de la película- termina conectándose con todo. Insomnio absoluto sufrí. Levantarse, acostarse; de un lado, del otro. Caminar hasta el cuarto de mi hija; volver a subir sus sábanas; regresar al mío; prohibirse pensar en trabajo; Intentar dormir. Dormir finalmente. Hoy ya llegó la rutina de la mañana; la sorpresa de un reclamo inesperado; las malas elecciones y respuestas. Chao.

Se fue la musa y uno no hizo lo que tenía que hacer cuando pudo: escribir.

Esto va escrito con las ganas que quedan. Migajas. Al final, del momento valioso, pasé a la práctica sencilla. Publico entonces a mi pareja de esta semana. ¡Ah, porque estoy levantando un proyecto digital donde publico y comparto parejas reales o de ficción que me gustan. Como Johnny Cash y June Carter ó George Harrison y la que rompió su corazón, Patty, etc. Es un proyecto que sostengo desde hace unos meses: colecciono parejas!

En fin, dejo aquí una reflexión de Woodye Allen que me encanta. Es el final de una de mis películas favoritas: Annie Hall. 

-Guión. Annie Hall. Movie-

Exterior. Calle. Día.

Desde las cristaleras de un restaurante se ve a Alvy y a Annie en una esquina. Se dan la mano. Tráfico en la calle.

Voz de Alvy:

Después, se nos hizo tarde. Los dos teníamos que irnos, pero fue magnífico ver a Annie otra vez, ¿verdad? Comprendí que era una persona estupenda y, y lo agradable que había sido conocerla… y… me acordé de aquel viejo chiste, ya saben, el del tipo que va a ver al psiquiatra y le dice: «Doctor, mi hermano se ha vuelto loco. Se cree que es una gallina». Y el médico le contesta: «Bueno, ¿y por qué no hace que lo encierren?». Y el tipo le replica: «Lo haría pero es que necesito los huevos». En fin, yo creo que eso expresa muy bien lo que siento acerca de las relaciones entre las personas ¿Saben? Son completamente irracionales, disparatadas, absurdas y… pero, ah, creo que las seguimos manteniendo porque, ah, la mayor parte de nosotros necesitamos los huevos.


Amor “Platónico” 
Él es Mike Matas. Me encanta. Es un diseñador de interfaces cotizado, que trabajó interno en Apple desde sus 19 años e hizo su primer ícono para Mac OS X & iOS a los 15. “Un bello”, como digo yo con corazones en los ojos. Hoy trabaja -con su afortunada novia- desarrollando aplicaciones móviles para Facebook. ¿Cómo no amarlo? Es fotógrafo (también) y de los buenos. ¡Les juro: estoy siendo objetiva! No niego que lo stalkeo feliz de vez en cuando, desde mi rincón en SurAmérica. También celebro sus nuevas publicaciones en su blog y envidio un tanto a Sharon Hwang, su novia que siempre lo acompaña (porque, la verdad, es también una genio. De hecho trabajan juntos en Facebook desde el 2011). No sé si esto es un problema para mis gustos platónicos, pero soy mayor que él. Nacimos el mismo año (1986). Él cumple en marzo y yo en enero. Le llevo unos meses. Pero todo está bien… porque he visto sus charlas y es un tipo seguro, inteligente y maduro; nuevamente: “un bello” (objetividad total). Comenzó a trabajar a los 14 años y yo a los 16. Es decir que el maduró primero. Problema resuelto.
En el colegio no apostaban a su futuro. Creyeron que no iba a prosperar, “porque no sabía escribir”. Una de sus profesoras, estuvo en desacuerdo y expresó admiración por sus capacidades gráficas. Fue de las primeras en creer en él. Pero lo más importante, él siempre creyó en sí mismo. A temprana edad no buscó trabajo, como diseñador, en una empresa de software local, sino que fundó la propia. Pronto su compañía se convirtió en una empresa de alta facturación. Nunca fue a la universidad. 

Trabajó en la interface de iPhone antes de su lanzamiento; así como en el desarrollo del iPad. Ahí se anamoró de Sharon :( Ella era la directora de arte para Apple (una vainita). Siempre he creído que si se quiere crecer o sentirse pleno como pareja, uno debe estar acompañado de alguien que lo inspire, motive, rete y apoye. No hay nada más bonito que admirar al que camina a tu lado. Por lo que leo en las redes, Mike aprende y crece al lado de su pareja. Eso me gusta. Vuelve a ser -para mí- sinónimo de inteligencia.
Mike Mata actualmente tiene una empresa que se llama Push Pop Press que es parte de Facebook; allí sostiene proyectos para aplicaciones y diseño móvil. Y sin saberlo, yo me trasnocho leyendo sus post y viendo las fotos que toma… como quien busca inspiración, en la admiración bonita de un amor platónico.
Más datos de Mike Mata
Twitter: @mike_matas
Facebook: http://www.facebook.com/mikematas
Página Personal: http://www.mikematas.com 

Amor “Platónico” 

Él es Mike Matas. Me encanta. Es un diseñador de interfaces cotizado, que trabajó interno en Apple desde sus 19 años e hizo su primer ícono para Mac OS X & iOS a los 15. “Un bello”, como digo yo con corazones en los ojos. Hoy trabaja -con su afortunada novia- desarrollando aplicaciones móviles para Facebook. ¿Cómo no amarlo? Es fotógrafo (también) y de los buenos. ¡Les juro: estoy siendo objetiva! No niego que lo stalkeo feliz de vez en cuando, desde mi rincón en SurAmérica. También celebro sus nuevas publicaciones en su blog y envidio un tanto a Sharon Hwang, su novia que siempre lo acompaña (porque, la verdad, es también una genio. De hecho trabajan juntos en Facebook desde el 2011). No sé si esto es un problema para mis gustos platónicos, pero soy mayor que él. Nacimos el mismo año (1986). Él cumple en marzo y yo en enero. Le llevo unos meses. Pero todo está bien… porque he visto sus charlas y es un tipo seguro, inteligente y maduro; nuevamente: “un bello” (objetividad total). Comenzó a trabajar a los 14 años y yo a los 16. Es decir que el maduró primero. Problema resuelto.

En el colegio no apostaban a su futuro. Creyeron que no iba a prosperar, “porque no sabía escribir”. Una de sus profesoras, estuvo en desacuerdo y expresó admiración por sus capacidades gráficas. Fue de las primeras en creer en él. Pero lo más importante, él siempre creyó en sí mismo. A temprana edad no buscó trabajo, como diseñador, en una empresa de software local, sino que fundó la propia. Pronto su compañía se convirtió en una empresa de alta facturación. Nunca fue a la universidad. 

Mike Mata

Trabajó en la interface de iPhone antes de su lanzamiento; así como en el desarrollo del iPad. Ahí se anamoró de Sharon :( Ella era la directora de arte para Apple (una vainita). Siempre he creído que si se quiere crecer o sentirse pleno como pareja, uno debe estar acompañado de alguien que lo inspire, motive, rete y apoye. No hay nada más bonito que admirar al que camina a tu lado. Por lo que leo en las redes, Mike aprende y crece al lado de su pareja. Eso me gusta. Vuelve a ser -para mí- sinónimo de inteligencia.

Mike Mata actualmente tiene una empresa que se llama Push Pop Press que es parte de Facebook; allí sostiene proyectos para aplicaciones y diseño móvil. Y sin saberlo, yo me trasnocho leyendo sus post y viendo las fotos que toma… como quien busca inspiración, en la admiración bonita de un amor platónico.

Más datos de Mike Mata

Twitter: @mike_matas

Facebook: http://www.facebook.com/mikematas

Página Personal: http://www.mikematas.com 


Retrospectiva enumerada con trasnocho: 
Todavía tengo muchas cosas por contarte.
Siempre voy a hablar de hechos, pocas veces de cómo me siento.
Soy irremediablemente sensible, lo de “la chica fuerte” es sólo una etiqueta. 
Creo que el trabajo hace mejor a las personas, si disfrutan lo que hacen.
Es inexplicable que aún crea en el amor.
No entiendo a la gente que no tiene sentido del humor.
Admiro a muchos de mis amigos. 
Me gusta estar cerca de gente más inteligente que yo. 
El maquillaje y yo no nos acompañamos con frecuencia. Pero reconozco que cuando lo hacemos, conecta con los demás. 
Aún no he sacado el certificado de circulación de mi carro. 
Empecé a leer poesía en segundo grado. 
La literatura me enseñó más que las maestras que tuve; salvo por las de literatura.
La mejor música era la que colocaba mi mamá en el carro. 
Entiendo que no es posible que exista otro fenómeno como los Beatles.
Me río sola, porque tengo una memoria buena.
Cuando vivo alguna decepción, tardo en recuperarme.
Mi abuela es la mujer más inteligente que conozco y eso me llena de un orgullo indescriptible. 
Me gusta ponerme en los zapatos de los demás… debe ser por puro amor actoral.
Creo profundamente en aquello de “estar empiernados”.
Cuando estoy bien emocionalmente, triplico mi apetito (por comer). 
Vivo recordando, para no olvidar sentimientos que fui capaz de sentir. 
Me alegro genuinamente por las victorias de mis amigos. 
Puedo ser muy dura cuando estoy molesta. 
Lo políticamente correcto y mi honestidad se detestan.
Me he equivocado muchas veces y tardado en aprender.

Retrospectiva enumerada con trasnocho: 

  1. Todavía tengo muchas cosas por contarte.
  2. Siempre voy a hablar de hechos, pocas veces de cómo me siento.
  3. Soy irremediablemente sensible, lo de “la chica fuerte” es sólo una etiqueta. 
  4. Creo que el trabajo hace mejor a las personas, si disfrutan lo que hacen.
  5. Es inexplicable que aún crea en el amor.
  6. No entiendo a la gente que no tiene sentido del humor.
  7. Admiro a muchos de mis amigos. 
  8. Me gusta estar cerca de gente más inteligente que yo. 
  9. El maquillaje y yo no nos acompañamos con frecuencia. Pero reconozco que cuando lo hacemos, conecta con los demás. 
  10. Aún no he sacado el certificado de circulación de mi carro. 
  11. Empecé a leer poesía en segundo grado. 
  12. La literatura me enseñó más que las maestras que tuve; salvo por las de literatura.
  13. La mejor música era la que colocaba mi mamá en el carro. 
  14. Entiendo que no es posible que exista otro fenómeno como los Beatles.
  15. Me río sola, porque tengo una memoria buena.
  16. Cuando vivo alguna decepción, tardo en recuperarme.
  17. Mi abuela es la mujer más inteligente que conozco y eso me llena de un orgullo indescriptible. 
  18. Me gusta ponerme en los zapatos de los demás… debe ser por puro amor actoral.
  19. Creo profundamente en aquello de “estar empiernados”.
  20. Cuando estoy bien emocionalmente, triplico mi apetito (por comer). 
  21. Vivo recordando, para no olvidar sentimientos que fui capaz de sentir. 
  22. Me alegro genuinamente por las victorias de mis amigos. 
  23. Puedo ser muy dura cuando estoy molesta. 
  24. Lo políticamente correcto y mi honestidad se detestan.
  25. Me he equivocado muchas veces y tardado en aprender.

Tres de mis canciones favoritas de los Beatles no las escribieron ni Lennon ni McCartney, fue Harrison quien conectó conmigo desde la infancia y me presentó al cuarteto más famoso de la historia. George Harrison es uno de mis guitarristas respetados. Ha sido influencia de numerosas bandas, aún permaneciendo detrás de la genialidad de los dos grandes líderes de Liverpool. En algún momento fue el mejor amigo de Eric Clapton para luego vivir la historia amorosa más emblemática del rock and roll. Un compositor que escribió con sinceridad, mientras duraron los Beatles. Esto último lo sé, porque es difícil no conectarse con sus canciones y sin verdad no hay conexión. 
Mis favoritas:
*Something
*While my guitar gently weeps
*Here comes the sun

Tres de mis canciones favoritas de los Beatles no las escribieron ni Lennon ni McCartney, fue Harrison quien conectó conmigo desde la infancia y me presentó al cuarteto más famoso de la historia. George Harrison es uno de mis guitarristas respetados. Ha sido influencia de numerosas bandas, aún permaneciendo detrás de la genialidad de los dos grandes líderes de Liverpool. En algún momento fue el mejor amigo de Eric Clapton para luego vivir la historia amorosa más emblemática del rock and roll. Un compositor que escribió con sinceridad, mientras duraron los Beatles. Esto último lo sé, porque es difícil no conectarse con sus canciones y sin verdad no hay conexión. 

Mis favoritas:

*Something

*While my guitar gently weeps

*Here comes the sun


Tom Hanks & Apolo XIII
Leí esto. Lo transcribo aquí para hacer repaso y retener un párrafo que me pareció interesante:

“Todo el mundo dijo que no veía a Tom Hanks de austronauta. Pues bien, yo no sabía si Tom Hanks era austronauta o no, pero tenia la idea de hacer una película acerca de una nave espacial en peligro. ¿Y quién quiere todo el mundo que regrese por encima de cualquier cosa? ¿A quién quiere salvar Estados Unidos? A Tom Hanks. No queremos verlo morir. Nos gusta demasiado.” Grazer.

Tom Hanks & Apolo XIII

Leí esto. Lo transcribo aquí para hacer repaso y retener un párrafo que me pareció interesante:

“Todo el mundo dijo que no veía a Tom Hanks de austronauta. Pues bien, yo no sabía si Tom Hanks era austronauta o no, pero tenia la idea de hacer una película acerca de una nave espacial en peligro. ¿Y quién quiere todo el mundo que regrese por encima de cualquier cosa? ¿A quién quiere salvar Estados Unidos? A Tom Hanks. No queremos verlo morir. Nos gusta demasiado.” Grazer.


Pensar es un verbo activo

Pensar es un verbo activo. Es decir, mientras pensamos estamos haciendo algo: creando, analizando, estructurado… estamos en actividad. Cuando estamos pensando, estamos ocupados. Tratemos de no interrumpir a quien está pensando o debe dedicarle tiempo a pensar; como no vemos lo que piensa, no vemos lo que hace. Lo que no quiere decir que no esté haciendo.


No había escrito más porque me secuestraron las motivaciones. Espero no me maten ->

6pm. “Secuestraron a esta chica” / 10am. Familiares pagaron el secuestro / 7pm. Aparece muerta, acuchillada. / NO entiendo. ¡Qué desgracia Venezuela! ** ¿En serio quienes se hacen los ciegos -o están ciegos- ante la ineficacia de este gobierno justifican las muertes violentas y la inseguridad? ¿Están entonces justificadas las pérdidas… el no tener derecho a la vida? La vida no vale nada en Vzla; ni el pago de un secuestro. Ni ningún bien material. Aquí si caes en manos de la violencia, te matan. PUNTO. ¿Ese es el país que merecen nuestros hijos? ¿Las víctimas son entonces culpables de ser asesinadas? NO ENTIENDO. En menos de 4 meses, de este año, han sido muchas las muertes. Todas las semanas me entero de una (cercana), o de un secuestro, o de un robo, o de una violación o de cualquier evento inhumano, triste y terrible. ¿Que no hay responsables? ¿que tampoco pueden entonces a través de sus funciones públicas tomar medidas al respecto? ¿Vzla está jodida y se tiene que terminar de joder por completo para que sea justo con todos? ¿para que aprendamos la lección? ¿Cuántas familias más tienen que perder a sus seres queridos en las distintas ciudades del país? ¿Cuántos jóvenes deben seguir aprendiendo a matar a otros en lugar de ser productivos y construir futuro para además tener de sí mismos una mejor imagen, de la que pueden sentirse orgullosos? ¿Vzla es cuna de asesinos? Hasta cuándo las mentiras son fáciles de tragar. Hasta cuándo cada año de mala gestión vale la vida de un venezolano. ¿Cuál es la lección que debo aprender de estas pérdidas? ¿Qué es lo que aún no hemos terminado de entender del gobierno? EXPLIQUENLO / JUSTIFIQUENLO. Quiero saber cuál es la cara que se debe poner para justificar tantas muertes violentas. Había rabia; ahora sólo hay tristeza, descontrol, inestabilidad y vacío.