Sobre la crítica y los críticos (a propósito de CAP y estos tiempos)

Les quería pasar este texto. Lo leí hace algunos meses. Ahora con la muerte del expresidente Carlos Andrés, la devaluación, los malos chiste de la MUD y sus derivados varios, me parece vinculante extendérselos. Va para aquellos que le tienen grima a los críticos. Los que esperan que todo se rija bajo sus verdades absolutas, o las verdades colectivas -que, para mí, son las peores y las más peligrosas- para esos que todo les cae pesado, que son incapaces de evaluarse, de esperar hacerlo mejor… para ellos, este texto. No lo escribí yo, claro está, lo escribió Cabrujas. Y sólo por eso, vale la pena leer.

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”(…) Él mismo lo ha dicho refiriéndose a la amargura con la que habló el Doctor Uslar, cuando Uslar le reclamó el olvido en nombre de la notabilidad nacional. Allí Pérez escogió una metáfora, muy propia de un habitual de las ferias de San Cristóbal: “Es fácil criticar desde el tendido. Lo difícil es enfrentar al toro en el ruedo”. Pero lo que parece ignorar el Presidente, éste y todo bicho de uña que haya gobernado en el país, es que la historia de las ideas y de los avances humanos se ha hecho desde el tendido. Sentarse en el tendido y observar la corrida es nada menos que usar la inteligencia. Cuando Edison inventó el bombillo, por hablar de un hermoso tópico, pasó antes largas horas en el tendido criticando el mundo que lo rodeaba, es decir, percatándose, dándose cuenta de lo que pasaba con la luz y la gente. De no haber usado el tendido para verse a sí mismo como creador de un progreso, nada habría sucedido. La desgracia de un hombre que tritura el pavimento con un máquina en su absoluta incapacidad para situarse en la acera de enfrente y observar qué diablos hace otro hombre con la misma máquina. A esa actitud, a la del pendejo que observa, se le suele llamar inteligencia y para alguna que otra cosa ha servido. No es un gran mérito o una gran cosota que el Presidente de la República, se contente con el capote y lo convierta en una verdad única y absoluta, frente a una supuesta inutilidad de quien observa la faena. No señor, Juan Velmonte era grande, porque lo hizo grande el tendido, es decir, aquellos que presenciaban la faena, aquellos que se hacían lengua y decían: ¡Qué grande Juan Velmonte! El presidente Pérez responde como esos actores -casi siempre incompetentes- a los cuales les va pésimo en una función y reciben una mala crítica y no se les ocurre otra cosa que responder: ¡Qué fácil es criticar! ¡Párate aquí en el escenario, pendejo, y ponte a decir “ser o no ser”, para que veas cómo es la vaina!

Nadie duda que el Presidente lleva el capote. Pero la corrida necesita críticos si quiere pasar a la historia. Alguien tiene que decir al matador lo mal que lo está haciendo, para ver si empareja la lidia en el próximo toro, para ver si se enmienda, si razona, si practica su arte con la dignidad del caso.

Pero esos matadores, ¿quién les dice algo?

De todas maneras, días después, casualmente el doctor Uslar resultó favorecido con el premio Rómulo Gallegos y CAP fue a felicitarlo de lo más educado y contento, como la Comisión de Sarmiento.

Entonces Pérez se deshizo en elogios del señor que estaba en el tendido. Dijo, y que Dios me perdone porque yo no le creo, que él se había leído de pe a pa La visita en el tiempo y que lo encontraba de lujo y bombillito. Que Arturo Uslar era una honra viviente, que el país sin él era un error inconcebible, que la luz de ese hombre acompañaría generaciones enteras de venezolanos, que estabamos ante alguien muy grande, muy profundo, muy importante, muy trascendente…

Concluído el nevado de la torta y depositada la guinda en su sitio, el presidente Pérez le dijo a todos los periodistas que el país vivía con este premio un momento estelar, que ni Pericles.

Y nadie se atrevió a preguntarle por qué si Uslar es tan grandioso, le habían metido en la gavetita de La Casona su proposición sobre las reformas, que antes había dado a Pérez.

Por qué entonces el Presidente habría respondido:

- Perdone. Es que no estamos hablando en serio. Estamos hablando de literatura.”

José Ignacio Cabrujas

Testo extraído del libro EL MUNDO SEGÚN CABRUJAS